Sucot a través de los cuentos.

30/Sep/2015

Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman

Sucot a través de los cuentos.

La Torá (Pentateuco) dice que el pueblo
hebreo, después de dejar Egipto, habitó en tiendas durante 40 años en el
desierto. Para tenerlo presente en la
memoria, ordena observar la fiesta de Sucot,“para que las generaciones sepan
que Yo puse a los Hijos de Israel en tiendas para vivir allí”.1 Los
rabíes pusieron a la festividad el nombre de “Zman Simjateinu”. El tiempo de
nuestra alegría.¿Cuál es el secreto para vivir con alegría? Tal vez uno de los
secretos, más que en dar respuestas, puede estar en formularnos preguntas.
El Talmud 2 dedica un Tratado entero
a la festividad de Sucot. Se llama “Tratado Sucá”. Una de sus páginas 3
dice que durante el Exodo de Egipto la Presencia Divina, que los rabíes
explican como “Nube de Gloria”, envolvió todo el campamento de los hebreos,
protegiéndolo en todo momento de los enemigos e incluso, del mal tiempo.¿Cómo
imaginarlo en nuestra vida actual, tan apegada a lo material?¿Tal vez, como una
nube rosada que cubre el cielo al atardecer?
Una nube que nos deja ver el cielo, pero no completamente. ¿Quizás como
el cielo que deja ver el techo de una Sucá, que solamente se cubre con algunas
ramas?
Un cuento más moderno. Dos señoras que viven
solas están hablando de las visitas que les hacen sus hijos.
-Yo estoy encantada, dice una. Mi hijo vive
tan ocupado, trabaja tanto, hasta los fines de semana. Pero siempre se preocupa
por mí. Todas las mañanas me llama por teléfono para preguntarme como
estoy. Lunes de noche, viene a visitarme
y siempre me trae algún regalito. Podrá ser sólo una naranja, pero nunca viene
con las manos vacías.
-Yo me deprimo por lo mal que me trata mi
hija, contesta la otra. Doy gracias que
me llama por teléfono una sola vez al día, cuando llega a su oficina.
¿Visitarme? Sólo los sábados, cuando viene de la peluquería. ¿Traerme algo? Tal vez una naranja, con el
cuento de que esa fruta me hace bien. A ver, ¿es eso todo lo que vale una
madre?
¿Qué significa esa naranja para las dos
madres? Tal vez, ¿el problema no está en la naranja sino en la manera de
entregarla? Veamos si este otro cuento nos ayuda a entenderlo. Es un antiguo
cuento del folklore Idish. 4 En un pueblo de Bielorrusia, para
Rosh Hashana, el tío rico mandó de regalo una naranja al sobrino. El primer día,
toda la gente del pueblo vino a mirarla. ¡Una naranja! ¡ qué color el de esa
fruta ! ¡Qué visión inolvidable!
El segundo día la familia permitió que le
olieran el perfume. Todo el pueblo vino a olerla. El tercer día le sacaron la cáscara. Dividieron la naranja en gajos y cada miembro
de la familia comió su gajo, masticándola despacito. ¡Qué sabor maravilloso! La
cáscara de la naranja también la usaron. La cortaron finita, la mezclaron con
algunas manzanas del huerto y prepararon mermelada. En Sucot invitaron a todos
sus amigos a la Sucá y convidaron a cada uno con un poquito de esa mermelada
sobre una tajada de pan.
Bueno. ¿Qué significa esa naranja? El Rabino
que me contó esos dos relatos me enseñó: Esa naranja, igual que la Sucá, enseña
a valorar lo que uno tiene.
Maimónides dice que Sucot nos enseña que no
nacimos en cuna de oro. El dinero y las comodidades vienen y van. Cuidamos
tanto las cosas que tenemos, la vajilla de porcelana y las copas de cristal que
no usamos por temor a que se rompan. ¿Valoramos las cosas en sí, más que
disfrutarlas? Todas esas cosas, ¡nos van a sobrevivir!
Por otro lado, dicen los rabíes que para darle
importancia al simple hecho de tener nuestro techo, no hay nada mejor que vivir
una semana sin techo, en una Sucá. A las comodidades de todos los días, no les
damos importancia hasta tener que vivir sin ellas.
Vamos a asomarnos a unos renglones del texto
del Talmud de Babilonia. Escuchemos esta discusión de los rabíes. 5
La pregunta que se hacen es: ¿Quién es rico?
Rabi Tarfon dice: “Es rico el que tiene diez
campos y cien esclavos trabajando en ellos”.
Veámoslo en nuestro tiempo. Rabi Tarfon está
tomando en cuenta la riqueza objetiva, como lo establecen algunas leyes
impositivas modernas. ¿es rico hoy en día el que tiene muchas propiedades
inmuebles o varios autos de subido valor? ¿Qué tal si además, tiene muchas
deudas en sus negocios?
Rabí Iosi de Galilea dice: “Es rico el que
tiene un retrete cerca de la mesa”.
En la Baja Galilea, donde enseñaba Rabí Iosí,
el suelo estaba en gran parte ocupado por el pantano de Jule, que recién fue
desecado por los pioneros de Israel a comienzos del siglo XX, entubando los
arroyos que anegaban la tierra. Junto a los ríos de Babilonia, también, había
grandes extensiones de suelo pantanoso. En terrenos así, los retretes tenían
que estar a 200 metros de las viviendas, para no contaminar los pozos de agua.
Largo trecho cuando uno va apurado al baño… Un retrete cerca de la casa era
un lujo máximo en ese entonces. Para Rabí Iosí, es rico el que puede permitirse
los máximos lujos. ¿Cuál podría ser el máximo lujo que ansiamos nosotros?¿Nos
dará alegría conseguirlo?
Rabí Akiba dice: “Es rico el que tiene una
mujer virtuosa”. Según cuenta el Talmud, la gran virtud de Rachel, 6 fue pedir a su marido que estudiara Ley
hebrea y con tal de ayudarlo en ese estudio, se quedó viviendo en la mayor
miseria, sola con sus dos hijos. Doce años más tarde, Akiba volvió a su casa y
antes de entrar, a través de la ventana, escuchó a Rachel decir que no le
importaría que él la dejara sola doce años más, con tal que Akiba siguiera
estudiando la Ley Hebrea. Así que él se fue a estudiar otros doce años hasta
que se convirtió en el Rabí más famoso de su tiempo, al que seguían miles de
discípulos. Después de veinticuatro años de ausencia, Rachel, ya anciana,
cubierta de andrajos, ¿cómo recibió a su marido? Besándole los pies. Akiba
reconoció que todo lo que sabía, se lo debía a su mujer. Sin embargo, al
discutir el tema de cuánto tiempo puede un hombre dejar sola a su esposa para irse
a estudiar, 7 la halajá
(decisión rabínica) analiza el episodio y rechaza esa prolongada separación en
que vivieron Akiba y Rachel. En nuestro tiempo, también entendemos que una
separación prolongada no es buena para la pareja ni para la familia.
La
opinión que se convierte en Halajá, jurisprudencia aceptada, en la cuestión de
¿quién es rico?, no es ninguna de las anteriores sino la de Rabí Meir. Es suya la opinión que figura en el
Pirké Avot(los dichos de los Padres): “Es rico el que se conforma con lo que
tiene”.
Eso es lo que enseña la Sucá, dijeron los
rabíes. Somos ricos cuando nos alegrarnos y disfrutamos de lo que tenemos.
Vale la pena aclarar que la halajá del Talmud
no es como la ley moderna, donde sólo se transmite la ley y no las discusiones
parlamentarias que llevaron a establecerla. En el Talmud vale la decisión, “Es
rico el que se conforma con lo que tiene”, pero también siguen siendo de
considerar, las opiniones que en la discusión previa, quedaron en minoría.
Siguen siendo distintas acepciones de riqueza, según para quien. Sigue siendo
válido considerar rico al ser humano que tiene muchos bienes, al que se da los
lujos máximos, al que tiene una pareja que lo apoya y lo complementa.
Los rabinos del siglo XX vieron las
“maabarot”, las tiendas temporarias que habitaron los pioneros que construyeron
el Estado de Israel a principios del siglo XX, como “sucot” en las que vivieron
hasta que se construyeron edificios. Son así dos recuerdos los que están
presentes en la sucá  de hoy en día;  el de nuestro Pueblo en el desierto en las
épocas de Moisés y el de los pioneros en la reconstrucción del Estado de
Israel  en el siglo pasado.
Esther Mostovich de Cukierman
[1] Exodo. 23: 16. Levítico 23: 39- 43.
2 Talmud. Redacción escrita de la jurisprudencia hebrea, redactada en el
siglo VI e.c.
3 Talmud, Tratado Sucá, folio 11ª,
4 Idish. Lengua hablada y escrita desde hace 1000 años por los judíos de
Europa Oriental, alemán medieval con agregado de palabras hebreas y eslavas,
escrito en letras hebreas.
5 Talmud, Tratado Shabat, folio 25b.
6 Rachel
fue la segunda esposa de Rabí Akiba. Era un pastor analfabeto cuando se casó
con Rachel, ya tenía en ese entonces un hijo de su primer esposa, con ese hijo
fueron juntos a la escuela para comenzar a aprender hebreo. El Talmud cuenta también de la tercer esposa
de Akiba, viuda del gobernador de Judea, Turnus Rufus, mujer muy rica que
entregó toda su fortuna a Akiba cuando se casaron.
7 Talmud, Tratado Ketubot (contratos) folio 63ª.